Posted on Saturday 15 July 2006
Otro pais, otra etapa, otro blog. La historia continúa en:
Otro pais, otra etapa, otro blog. La historia continúa en:
Si cuando caminas/pedaleas por el centro de Amberes te fijas un poco en los edificios verás que cada cuatro pasos te encuentras una de estas:

No tengo muy claro por qué están ahí, aunque he oído varias versiones. La primera dice que el gigante Lange Wapper, que atemorizaba a los marineros, tenía miedo a las imágenes de las Vírgenes y por eso los habitantes de la ciudad protegían sus casas colocando estatuas en las fachadas. La otra versión cuenta que hace algunos siglos el que tuviese una imagen de la virgen en su fachada no pagaba impuestos, por lo que repentinamente empezaron a aparecer Vírgenes en cada esquina. No sé si alguna de las dos leyendas será cierta, pero si tiene que ser alguna, yo me inclino por la segunda, porque en Bélgica casi te cobran un impuesto por respirar.
Como curiosidad, una singular interpretación de este tema que me encontré en Holanda.
Eso es lo que dice mi madre que parece mi habitación cuando está un poco desordenada. Por fortuna y por cuestiones geográficas, mi querida progenitora no puede ver el estado de mis aposentos, y menos mal, porque si no yo creo que le daba algo a la pobre.
Aunque aún no he acabado los exámenes (el lunes tengo el último), ya he empezado “recoger” un poco mis trastos, a tirar papeles, a ver lo que me llevo y lo que dejo/tiro, etc. Ya lo dije una vez, pero no me cansaré nunca de repetirlo: es injusto que solo te dejen facturar 20 kilitos de equipaje en el avión. ¿Dónde voy a meter todas mis cosas? 
Hoy he salido un momento a la calle y he visto que en mi barrio habían puesto un mercadillo de segunda mano. He estado a un plis de unirme a los presentes y así vender mi tendedero, mi flexo, mi jarrita calienta aguas o mi colchoncito para las visitas. Al menos para sacarme unas pelillas y poder sufragar el pago del sobrepeso en el aeropuerto. Pero al instante he recordado que tengo que estudiar y he abandonado mi proyecto mercantil. Ha sido la decisión adecuada, pero ahora siempre me quedará la duda de si hubiera llegado a vender algo. Lo dudo, porque el cursillo de vendedora de El Corte Inglés no creo que sea válido en los mercadillos, pero quién sabe…
En fin, que si no tengo tiempo de bajarme a poner en práctica mis dotes de tendera, tampoco lo tengo para pasarme todo el día haciendo el tonto con el ordenador. Así que con su permiso, señore/as, me retiro de nuevo a estudiar

Brujas no se llama así porque parezca un escenario de cuento y por las noches, al doblar una esquina, creas que te vas a encontrar una señora volando en escoba. Realmente parece un escenario de un cuento (y como tal, es solo fachada porque, si le quitamos los turistas, no es que tenga una vida social muy animada), pero lo de las brujas me temo que no se cumple.
El nombre en español de esta ciudad del norte de Bélgica tiene su origen en la presencia española en Flandes, hace ya unos cuantos siglos. Por aquel entonces, y como aún se sigue haciendo, estaba muy de moda traducir todos los nombres, para que su pronunciación fuese un poco más asequible para los españoles. Así que cuando los soldaditos de los tercios españoles llegaron a estas tierras y oyeron el nombre en flamenco/neerlandés, que es Brugge, dijeron “no, no, tenemos que ponerle otro, que este no nos suena bien”. Se pusieron a pensar y decidieron que por “semejanza” (todo es subjetivo en esta vida), Brugge pasaría a ser Brujas en los mapas españoles, y se quedaron tan panchos.
De manera que el nombre Brujas no tiene relación alguna con ninguna característica de la ciudad. Por el contrario, el nombre en neerlandés/flamenco sí la tiene. Brugge deriva de bruggen, que significa puentes, y esto, como habrá podido comprobar cualquiera que haya visitado la ciudad, es algo que abunda en las calles de Brujas.
Hoy pensaba escribir una entrada de esas con chicha, con varios párrafos y todo eso. Sin embargo, dado que llevo en pie desde las seis de la mañana estudiando y redactando trabajos para clase, mis ganas de escribir (en el ordenador) han desaparecido. Bueno, más bien se han ido a la calle a tomar el sol. Así quehe decidido irme con ellas y no hacer nada más en lo que resta de día. Ale, a relajarse :-).

P.D. La foto es de la semana pasada. Hoy se me cocerían los pies si me pusiera esos calcetines :-P.
5 túneles bajo el río Escalda (y ni un solo puente)
11 museos municipales
29 bibliotecas municipales
50 hoteles
130 kilómetros de muelles (de los de los barcos, no de los que están enroscados y rebotan)
134 calles comerciales
171 nacionalidades
194 tiendas de patatas fritas, donde hacen y venden las famosas frietjes (si esto no es obsesión ya me contaréis qué es…)
2000 restaurantes
13.455 hectáreas de puerto
15.559 barcos recibidos (seguro que ahora son más porque la fuente es del año pasado)
458.000 habitantes (y subiendo)
9.239.764 kilates exportados de diamantes tallados
175.652.552 kilates exportados de diamantes sin tallar (esto de los diamantes en Amberes tiene mucha chicha, así que ya lo contaré más detenidamente otro día).


Esta es una de las obras arquitectónicas más recientes de Amberes. Se trata del nuevo Palacio de Justicia (Justitiepaleis) y tiene esa forma tan rara porque está inspirado en el agua, por aquello de que Amberes es una ciudad portuaria, aunque sea a través de un río (pero cacho de río…). Se supone que las cosas que hay en el tejado son una representación de las olas del mar, aunque los locales prefieren compararlas, y con razón, con una bolsa de patatas fritas, o frietjes que les llaman aquí.
La escalinata está inspirada en las escaleras de los muelles junto al mar, lo único que aquí en lugar de haber agua debajo de los escalones, hay una parada de tranvía.
Casi da miedo pararse a pensar en lo rápido que se me está pasando este curso. A apenas unas semanas de volver a casa me embargan varias sensaciones contradictorias. Por una parte está el estrés de los exámenes y la entrega de trabajos, que hace que junio sea un mes odioso; pero por otra parte, no quiero que se pase este mes, porque eso significa el regreso, el final de mi erasmus en Amberes, y todo lo que ello conlleva. Para bien o para mal, lo quiera yo o no, el mes de junio se acabará y volveré al seno de la Complu a acabar la carrera.
Entre ratito y ratito de estudio, he estado ojeando las páginas de este blog y me he dado cuenta de que durante los últimos meses he escrito menos, aunque he aumentado el número de fotos. Y es que como leí hace poco en un comentario de otro blog, el ritmo de publicación de un blog y sus contenidos son inversamente proporcionales a lo intensa que sea la vida de quien lo escribe. O lo que es lo mismo, que cuantas más cosas interesantes te pasan, menos tiempo tienes para contarlas. En mi caso la teoría se cumple, porque desde febrero aproximadamente no he parado. El teatro, las escapaditas de fin de semana a Eindhoven, el viaje a Paris, el viaje a Estocolmo, el trabajo en el Agora una vez a la semana, la universidad… y a todo eso hay que añadir una reciente afición a la jardinería.
No estoy hablando de las dos macetas que me regalaron los del grupo de teatro y que desde entonces decoran la repisa de mi ventana, aunque bastante mérito tienen las pobres criaturas, porque yo nunca he tenido demasiada suerte ni paciencia con las plantas. Me sorprende incluso a mí, no solo que sigan vivas después de más de dos meses, sino que además hayan crecido. Pero no me refiero a estas macetas. Lo que pasa es que desde hace algo más de tres meses tengo un tulipán. No lo habí mencionado antes porque no estaba segura de que no se me fuera a mustiar el día menos pensado, porque una no es muy ducha en estas artes de la jardinería, pero pasan las semanas y ahí sigue, más fresco incluso que el primer día. Y claro, estas flores son delicadas y requieren tiempo y cierta dedicación.
Mi regreso a la patria implicará también que me tenga que separar del tulipán. Por eso, y aunque ahora los avances de la técnica permiten el riego y el abono a distancia, intento aprovechar estas semanas para cuidar de mi tulipán, que además me está ayudando a estudiar, a pesar de que sé que, al igual que a todas las flores, lo que le gustaría es estar en el campo disfrutando del sol primaveral.
Pero aún no es momento de lamentaciones, porque, de exámenes o no, todavía estaré algunas semanas mas en estas tierras de Flandes, donde aún me queda guerra por dar.