
Brujas no se llama así porque parezca un escenario de cuento y por las noches, al doblar una esquina, creas que te vas a encontrar una señora volando en escoba. Realmente parece un escenario de un cuento (y como tal, es solo fachada porque, si le quitamos los turistas, no es que tenga una vida social muy animada), pero lo de las brujas me temo que no se cumple.
El nombre en español de esta ciudad del norte de Bélgica tiene su origen en la presencia española en Flandes, hace ya unos cuantos siglos. Por aquel entonces, y como aún se sigue haciendo, estaba muy de moda traducir todos los nombres, para que su pronunciación fuese un poco más asequible para los españoles. Así que cuando los soldaditos de los tercios españoles llegaron a estas tierras y oyeron el nombre en flamenco/neerlandés, que es Brugge, dijeron “no, no, tenemos que ponerle otro, que este no nos suena bien”. Se pusieron a pensar y decidieron que por “semejanza” (todo es subjetivo en esta vida), Brugge pasaría a ser Brujas en los mapas españoles, y se quedaron tan panchos.
De manera que el nombre Brujas no tiene relación alguna con ninguna característica de la ciudad. Por el contrario, el nombre en neerlandés/flamenco sí la tiene. Brugge deriva de bruggen, que significa puentes, y esto, como habrá podido comprobar cualquiera que haya visitado la ciudad, es algo que abunda en las calles de Brujas.
¡Hala! ¡arsa! ¡toma! ¡tracatrá! para que luego digan que los eppañoles no tienen arte ¿eeeeeeeh? Bueno. Gracias daremos porque le pusieran Brujas en lugar de Burgos, que también quedaba fonéticamente cerca.
Esto es como cuando el Betis fichó a un jugador llamado Harzibegic, y ellos lo llamaban “Pepe”.
Lo peor es que nunca me llevas a ver todos esos sitios…. va a ser que ya no me quieres.
me ha gustado mucho tu blog, lo visitará a menudo, un saludo desde España.